¿Qué es la sociología?

Es la primera pregunta del primer día de clase de cualquier alumno tanto de Sociología como de aquellas otras facultades en que se imparta la sociología, si el Plan Bolonia y las luchas intestinas departamentales de las universidades lo han permitido.
Como no puede ser de otra manera, se puede recurrir a la respuesta espontánea pero es mejor recurrir a los clásicos, que para eso están. Al efectuar un ligero repaso entenderemos que no hay una acepción global aceptada sin más, lo cual supone un esfuerzo en la definición propia y una variedad enriquecedora.
Podemos entender que son los hechos sociales, según explicó Durkheim, o el objeto de la acción social, según Weber, aunque una definición muy acertada es la de Salvador Giner en que especifica que la Sociología estudia la sociedad humana, las colectividades, asociaciones, grupos e instituciones que la conforman.
Nos quedaremos con ésta última para decidir que define cómo se mueve la sociedad, su evolución, sus peculiaridades, sus problemas, sus características. En fin, una definición en bruto de lo que son variedad de cosas en concreto: nosotros mismos.
Los problemas surgen con las incompatibilidades y los choques tanto con otras disciplinas (desde la psicología, a la antropología, la ciencia política, etcétera) como entre los mismos investigadores, que como en cualquier escenario de la vida, tienen opiniones encontradas y en ocasiones, de qué manera. Hay míticos debates de, por y para profesores universitarios.
La solución a los inconvenientes (que no detallo más en extenso, sino el blog no tendría sentido) se trató de zanjar con el método científico que tantos quebraderos de cabeza da a los alumnos de cualquier rama. La intención de las ciencias sociales de hacerse serias pasa por obtener resultados de la misma manera que el resto de ciencias. Y, aunque el hombre en general no se puede meter en una probeta, ni ir haciendo experimentos con él (a pesar de flagrantes intentos), sí existen herramientas que cualquier manual repite hasta la saciedad y luego a la hora de la verdad se toman en cuenta o no: esto depende de los recursos tanto personales como institucionales.
Un inconveniente final es el carácter extremadamente serio, formal y hermético tanto de sociólogos, como de textos. Por suerte esta tendencia se está quebrando desde distintas universidades, así como desde el punto de vista de contados sociólogos modernos, pero no es lo habitual, ni desde luego, son quienes más cobertura disponen. Lo que conduce a que la sociología sea vista como un asunto de minorías (unido a la falta de poder del colectivo de sociólogos), a pesar de que el asunto concierne a todos y cada uno de nosotros.


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Sociología para principiantes II


La noticia del día ha sido, aparte de muchas otras no relacionadas, la diferencia porcentual en la intención de voto del Partido Popular frente al Partido Socialista Obrero Español, la cual dejaría al PP por delante del PSOE a nvel estatal. Siempre hablando de intención de voto en el mes de julio de 2009, porque luego llegan las campañas electorales, los giros de última hora y todos los acontecimientos que pueden voltear las estadísticas. Aunque siendo serios, no tendrían por qué hacerlo.
No hablaré de las cuestiones iniciales relacionadas con las preocupaciones de los españoles, ya indicadas en
sociología para principiantes pero sí de la que ha sido actualidad en el último barómetro de opinión, del Centro de Investigaciones Sociológicas.
El inicio no puede ser más prometedor. Se valora la situación económica en un 95,5 % como regular a mala o muy mala. Es decir, todo el mundo piensa que las cosas no van bien, lo cual es sintomático del momento que vivimos, aunque sea a nivel mental-psicológico.
Por otro lado, la situación política es regular, mala o muy mala en un 84 %. Aunque aquí tenemos un inconveniente serio. ¿Qué entiende la mayoría de la gente por situación política? ¿Que suba la luz, que la leche sea cada vez más cara, o que los políticos profesionales se enzarcen en peleas diarias por mantener su popularidad mediática? Sea como fuere, y conscientes de las limitaciones que plantea, apenas un 9 % cree que la situación política es buena o muy buena. Lastimoso que en épocas de crisis la población tenga en tan baja estima la política, sobre todo porque la mayor parte de nuestro día a día depende de ella.
Y esta afirmación se corrobora con la cuestión siguiente: "¿Por qué partido siente Vd. más simpatía?" El 54,6 % de los encuestados no la tiene por ninguno. Si le unimos los que no saben o no contestan, (prueba de que no sienten simpatía por ninguno de los citados) la cifra asciende a 81,3 %. Indignante para cualquier político profesional: la mayoría de la ciudadanía no se siente cercana a ningún partido político.
Dicho esto me veo en la obligación de traer a colación un concepto para muchos conocido: la distancia política. Es una sensación que tiene la mayoría de la población al respecto de los políticos profesionales y es una necesidad que tienen determinados partidos en determinados momentos. Aunque luego en el discurso habitual se recurra a la cercanía porque no interesa un político distanciado del pueblo (todos conocemos la anécdota del precio del café o del precio del billete de metro...si es que hay metro en la mayoría de las ciudades y pueblos españoles).
La distancia política no es un concepto vacío, tonto o sin sentido, sino que tiene su contenido. Interesa que la mayoría de la gente desconozca el funcionamiento del sistema político (de ahí la gran frase de No me interesa la política. Gran derrota de la ciudadanía) porque así determinados grupos pueden hacer y deshacer o moverse con soltura y libertad, salvo escándalos obvios y descarados.
Luego, cuando interese, saldrá el acercamiento, el político que se da un baño de masas, el político que se fotografía en un barrio obrero, el político que toma en brazos a un niño, etcétera.
Confirmando lo dicho: el conocimiento que tenemos los españoles de los ministros por un lado (nulo o deficiente). Y el conocimiento de los líderes de los partidos: a Zapatero y Rajoy los conoce todo el mundo. Al líder del tercer partido español, Izquierda Unida, apenas lo conoce un 40 % de los encuestados, aunque sí a Rosa Díez (prueba de que su equipo de márketing electoral funciona).
Pero el dato al que los medios hacen referencia sobre la intención de voto aparece en la última página del barómetro, ¿es el más característico, el más significativo, el más vendible? Cabe preguntarse entonces, ¿por qué está camuflado en la última página?
Concluyo insistiendo en la necesidad del acercamiento de la ciudadanía a la política, la activa, la participativa, la que implica compromiso personal y nunca alejamiento. No es el mero conocimiento de nombres de personas (que se dedican durante un tiempo concreto a la política profesional), sino el conocimiento del entorno político social en el que nos movemos.



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Sociología para principiantes I

A todos nos da reparos confiar en las encuestas y sondeos de opinión, pero quien más quien menos cede a revisarlos, cotillearlos y manifestar su acuerdo o desacuerdo.
Lo que es obvio es que en España se han profesionalizado mucho hasta el extremo de que son herramienta de manipulación y arma arrojadiza. Con varios puntos claros, cualquiera puede estimar la validez o falta de ella de las encuestas. ¿Puede uno fiarse de las encuestas que presentan los medios de comunicación? Sí, siempre y cuando dejen claro quién las solicita y vayan acompañados de los datos de campo (a cuánta gente se pregunta, durante cuánto tiempo, vía telefónica o correo, nivel de confianza, etcétera). Y si a ello le unimos que ofrezcan la posibilidad de acceder al estudio completo, no sólo a las conclusiones, mejor. Porque de hecho las encuestas encierran trampas posibles, pero las conclusiones son el campo para sembrar las certezas o las dudas.
Un ejemplo: el
barómetro de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas del mes de junio. Las bondades son su estabilidad en el tiempo, con lo cual podemos hacer un seguimiento (lo que se llama tendencia) de cómo evolucionan determinadas maneras de pensar y ver las cosas en la sociedad española.
Pero no menos importante son las maneras de interpretarlo, lo cual no hace el CIS porque de eso ya se encargan los medios de comunicación. Y aquí es donde hay que llevar un cuidado enorme porque según la interpretación, así obtendremos un resultado y otro, cuando lo divertido es ojear la encuesta y sacar las conclusiones propias (es una opción abierta y libre, la otra opción es la cómoda: dejarse llevar por interpretaciones ajenas)
Es curiosa la cantidad de información que se puede manejar, porque de hecho el barómetro habla de economía, terrorismo, inmigración, religión, o cultura, con lo cual el abanico de posibilidades es casi infinito. Tanto como las tendencias.
Se pueden decir cosas como que los españoles estamos mayoritariamente preocupados por las cuestiones económicas y el paro, cosa normal por otra parte. También se puede decir que uno de los problemas que aprecia la población, por encima de la inmigración son los políticos (y este leve comentario no ha salido en ningún medio de comunicación). De hecho un buen titular sería: "Los políticos preocupan más que los inmigrantes" o "Los políticos son un problema mayor que la inmigración".
Pero sería un tanto escandaloso porque luego habría que relacionarlo (como suelen hacer algunos medios) con el problema de la inseguridad ciudadana, y cómo se relaciona inseguridad ciudadana con política o con paro, o con problemas económicos. ¡Mucho más fácil hacerlo con los inmigrantes! A pesar de que sea el décimo problema que afecta a los españoles.
Hay que llevar cuidado, pues.
De hecho, casi un 20 % de los encuestados no saben o no contestan al problema que más les afecta personalmente, así como hay casi un 25 % de encuestados que no saben o no contestan a la pregunta sobre su ideología (derechas o izquierdas).
Otra de las cuestiones latentes en este enorme país de artistas, poetas, cantantes y filósofos: "¿Cómo es la oferta cultural de su pueblo o ciudad?". Frente al 8 % de personas que no saben o no contestan (¿será por vergüenza? Y esto es punto de vista personal) la mitad de los encuestados opinan que la oferta cultural es regular, mala o muy mala, lo cual dice muy poco de nosotros mismos.
Un buen titular: "España suspende en cultura" porque de hecho sólo el 38 % la considera (la oferta cultural) como buena o muy buena.
Y para concluir, una de las más perfectas definiciones del español, para que luego vengan y digan que somos país de contrastes y extremos. La tendencia ideológica.
El 25 % o no lo sabe o no quiere contestarlo. El 30 % es de centro, aunque luego se amplía la posibilidad a centro derecha y centro izquierda. Total, 35,4 %. Y bien sumado, un centro estupendo del 65,4 %.
Así que el titular final podría ser: "España inculta y de centro".
Pero, como he dicho inicialmente, hay que llevar cuidado con las interpretaciones porque son intencionadas en su mayor parte. Y esto es una interpretación sarcástica.


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