La noticia del día: los estadounidenses controlan el mundo.
Y la lotería de Navidad es el 22 de diciembre.
La noticia del día: lo saca El País. (En el resto del mundo lo sacarán The New York Times, The Guardian, Der Spiegel y Le Monde)
Y la lotería de Navidad es el 22 de diciembre. ¿Duda alguien ahora de las palabras de Pascual Serrano al respecto de los intereses reales de este periódico?
La noticia del día: los eeuuenses analizan, investigan y controlan el mundo.
¿Acaso no llevamos viendo películas de Rambo, Suarsenager, B. Pitt, o series de policías, CSI, la CIA, películas de vaqueros, Vietnam, guerras mundiales como para saber que esto sucedía?
¿Le ha importado a alguien alguna vez salvo a cuatro individuos rápidamente catalogados como izquierdistas, radicales, comunistas?
La noticia es importante. Repito, como la lotería de Navidad.
Pero casi todas estas cosas ya las había dicho James Ellroy y otros muchos en sus novelas, de manera exagerada, brutal y llena de asesinatos, pero se cumplen (muchas cosas y salvando las distancias literarias).
Y es a lo que me refiero, la literatura, el cine, la tele; ya nos habían advertido y nosotros sólo veíamos entretenimiento.
Luego está el tema de qué nos contarán, porque los documentos están, pero ¿quién los leerá? Y, como bien dice El País, se está negociando qué irá cortado, qué no, qué se publicará, qué no, con lo cual, sabremos lo que interese a los consejos editoriales de estos grandes periódicos. Salvo que nos zambullamos en los documentos, repasemos la historia, tengamos nociones de política internacional, derecho internacional, historia universal, geopolítica, etcétera.
A mí lo que me preocupa son los resultados, ¿sucederá algo al final de todo esto? ¿Se caerá alguien de su sillón? ¿El mundo será más justo? ¿Le importará algo a la mayoría de la gente? ¿Dejará de espiar eeuu?
Novedades pre-electorales
Tengo que hacerlo, tengo que hablar otra vez de las elecciones catalanas aunque no me apetecía. Con las catalanas pasa como con las estadounidenses: parece que son las elecciones de todos (por la publicidad y presencia en los medios), aunque sólo sean de unos cuantos. Y es curioso porque si hablas con personas de Cataluña al respecto de la cobertura que se da a ciertos partidos en lugares que no sean capital de provincia, resulta que dicha cobertura es mínima por no decir casi imposible.
El otro día un períódico generalista hablaba de los nuevos formatos de hacer política; en concreto el adiós al mitin de toda la vida (en recinto grande y rodeado de miles de apasionados) frente a los nuevos formatos (más reducidos, más visuales -TV manda-, más EEUUenses).
Este nuevo formato tiene sus trampas, al igual que el otro. Cualquier formato político que sea mera copia de lo que sucede o se hace en otros países es un riesgo, ya que uno, aquí somos de otra manera, y dos, los de fuera son de otra manera. Obvio pero cierto.
El formato tradicinal contaba con el apasionamiento de las masas (bandera, autobús, bocadillo, amor por los candidatos) y algunos eran verdaderos mitineros, iban a escuchar incluso a los que no eran de su partido.
El nuevo formato es reducido, más corto y asegura el pleno. Lo cual nos conduce a la pregunta: ¿Qué es mejor, 200 personas en un recinto abarrotado, o 1.000 en un recinto medio vacío? Sin duda es una pregunta trampa aunque el buen analista dirá que mejor el 200 atestado.
Por la imagen que da, por la sensación.
No importa si el mensaje llega a 800 personas menos.
La movilización cada vez es más complicada y de eso saben mucho en Cataluña, donde el porcentaje de abstención les saca los colores a los partidos políticos mayoritarios año a año; aunque es más fácil obviarlo que hacer algo al respecto.
El otro día un períódico generalista hablaba de los nuevos formatos de hacer política; en concreto el adiós al mitin de toda la vida (en recinto grande y rodeado de miles de apasionados) frente a los nuevos formatos (más reducidos, más visuales -TV manda-, más EEUUenses).
Este nuevo formato tiene sus trampas, al igual que el otro. Cualquier formato político que sea mera copia de lo que sucede o se hace en otros países es un riesgo, ya que uno, aquí somos de otra manera, y dos, los de fuera son de otra manera. Obvio pero cierto.
El formato tradicinal contaba con el apasionamiento de las masas (bandera, autobús, bocadillo, amor por los candidatos) y algunos eran verdaderos mitineros, iban a escuchar incluso a los que no eran de su partido.
El nuevo formato es reducido, más corto y asegura el pleno. Lo cual nos conduce a la pregunta: ¿Qué es mejor, 200 personas en un recinto abarrotado, o 1.000 en un recinto medio vacío? Sin duda es una pregunta trampa aunque el buen analista dirá que mejor el 200 atestado.
Por la imagen que da, por la sensación.
No importa si el mensaje llega a 800 personas menos.
La movilización cada vez es más complicada y de eso saben mucho en Cataluña, donde el porcentaje de abstención les saca los colores a los partidos políticos mayoritarios año a año; aunque es más fácil obviarlo que hacer algo al respecto.
De ahí que no resulte complicado reunir a doscientos acólitos, amiguetes, gente del partido para llenar (rellenar) un mitin (aunque prefieren llamarlo de otra manera) desde el cual lanzar el mensaje que los medios de comunicación recogerán...independientemente de que llegue a su destino y/o cale.
Y esto me lleva a la segunda y última cuestión: ¿Por qué se están diciendo tantas cosas en Cataluña? Que si Andalucía, que si Madrid, que si mítines con inmigrantes, que si vídeos semiilegales, que si el pan con tomate en el almuerzo de los hoteles, etcétera, etcétera.
Precisamente porque no hay otro mensaje que lanzar que cale/llegue a las personas.
Lo que finalmente deriva en que la imagen de 200 sea más importante que la de 1.000, que la abstención se enmarque entre el 40 y el 50 %, o que las personas cada vez se sientan más alejadas de la política y de los profesionales de la política.
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Noviembre de 2010
Hay elecciones en Cataluña, ¿alguien no se ha enterado?
El dirigente de Esquerra ha dicho que los andaluces no pagan impuestos, una idea que ni él mismo se cree pero que le procura varios titularazos y micrófonos en exclusiva. Arriesgado pero inteligente, porque los andaluces (censados en Andalucía) no le van a votar, y los andaluces (censados en Cataluña) tampoco, salvo una minoría curiosa que se siente más catalana que los propios catalanes. Como digo, en política hay jugadas arriesgadas que a veces salen bien. ¿Qué puede importarle al dirigente de Esquerra que hablen mal de él en Madrid, Linares o La Línea de la Concepción?
Por otro lado, hay un conflicto en el Sahara. Pero, ¡cáspita!, no ha empezado este fin de semana, ni siquiera el mes pasado o cuando el gobierno marroquí se volvió más descarado. Empezó hace más de 30 años y nadie ha sabido solucionarlo hasta el momento, ¡nadie!, a pesar de que hay propuestas más que solventes al respecto, a pesar de que en España una inmensa mayoría de las personas tiene una opinión formada al respecto de lo que es justo e injusto.
Y, para terminar este fin de semana, al fin un grupo de personas se ha decidido a poner trabas a la aprobación de la nueva ley electoral.
Es otoño, la época en que anochece antes y se suben las solapas de los abrigos. También es una época para sacar a la luz lo que consideramos justo, las cosas por las que merece la pena pelear.
El dirigente de Esquerra ha dicho que los andaluces no pagan impuestos, una idea que ni él mismo se cree pero que le procura varios titularazos y micrófonos en exclusiva. Arriesgado pero inteligente, porque los andaluces (censados en Andalucía) no le van a votar, y los andaluces (censados en Cataluña) tampoco, salvo una minoría curiosa que se siente más catalana que los propios catalanes. Como digo, en política hay jugadas arriesgadas que a veces salen bien. ¿Qué puede importarle al dirigente de Esquerra que hablen mal de él en Madrid, Linares o La Línea de la Concepción?
Por otro lado, hay un conflicto en el Sahara. Pero, ¡cáspita!, no ha empezado este fin de semana, ni siquiera el mes pasado o cuando el gobierno marroquí se volvió más descarado. Empezó hace más de 30 años y nadie ha sabido solucionarlo hasta el momento, ¡nadie!, a pesar de que hay propuestas más que solventes al respecto, a pesar de que en España una inmensa mayoría de las personas tiene una opinión formada al respecto de lo que es justo e injusto.
Y, para terminar este fin de semana, al fin un grupo de personas se ha decidido a poner trabas a la aprobación de la nueva ley electoral.
Es otoño, la época en que anochece antes y se suben las solapas de los abrigos. También es una época para sacar a la luz lo que consideramos justo, las cosas por las que merece la pena pelear.
Los universitarios en la calle
Que unos cuantos chavales monten el follón porque la multitud sale a la calle y es el momento ideal para airear neuronas, entra dentro de lo habitual y no debería convertirse en noticia (salvo para los psicólogos sociales). O se convierte en noticia como que un banco cobre comisiones que rozan el robo, una telefónica o una empresa de luz, agua o gas, defraude en sus recibos y cobre de más mes a mes por la sencilla razón de que pocas personas revisan sus facturas y reclamar es poco menos que imposible.
Si la noticia es que unos chavales (pongamos 200) rompen unos cristales, tiran al suelo unos contenedores o pintan una fachada, ¿qué sucede con esos otros 50.000 o 100.000 que protestan por algo que consideran injusto, ilegal, inapropiado?
Queda en nada. A pesar de que los propios chavales reconozcan que los disturios sólo se iniciaron cuando la policía empezó a abusar de los manifestantes. A pesar de que la policía reconozca que los disturbios les pillaron por sorpresa.
Todo esto viene a colación de las protestas de universitarios en Reino Unido por la subida de tasas para acceder a la Universidad. Una subida de tasas (a las personas) que desemboca de la reducción (del Gobierno) del gasto público.
Si la noticia es que unos chavales (pongamos 200) rompen unos cristales, tiran al suelo unos contenedores o pintan una fachada, ¿qué sucede con esos otros 50.000 o 100.000 que protestan por algo que consideran injusto, ilegal, inapropiado?
Queda en nada. A pesar de que los propios chavales reconozcan que los disturios sólo se iniciaron cuando la policía empezó a abusar de los manifestantes. A pesar de que la policía reconozca que los disturbios les pillaron por sorpresa.
Todo esto viene a colación de las protestas de universitarios en Reino Unido por la subida de tasas para acceder a la Universidad. Una subida de tasas (a las personas) que desemboca de la reducción (del Gobierno) del gasto público.
¿Se hará imposible ir a la universidad, otorgarán nuevas becas, darán becas los bancos a un tipo bajo de interés como sucede en otros países...capitalistas?
Es un debate que siempre sale a colación pero que tiene como objeto final la educación.
Hay que repetirlo una y mil veces: educación, educación, educación, porque a la mayoría de las personas se les olvida que la educación es un valor en sí mismo y una inversión de futuro (personal y colectiva. Repetición: personal y colectiva).
La educación no es sólo colegio, instituto y universidad. La educación son programas de formación serios que den posibilidades a las personas; posibilidades de crecer como personas y, claro, de tener trabajo, sacar pasta, obtener beneficios del esfuerzo que se realiza durante años.
En Reino Unido se está hablando de recortes sociales, y eso da miedo, parece que se nombra al diablo.
Lo que no se debe olvidar es que los recortes pueden afectar a personas, personas que pueden pasar de vivir a vivir mal. Personas que pueden pasar de tener aspiraciones a no tenerlas.
Quizás sea la visión drástica, pero me pongo drástico si se juega con la posibilidad de no darle a alguien algo tan básico como aprender.
Y no pretendo que todos sean y se conviertan en médicos, ingenieros, arquitectos o neurocirujanos; pero que cualquiera tenga la posibilidad de llegar a serlo, si así lo decide.
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